18/8/12

· Hércules ·



Muchos viajeros ilustres visitaron el templo del fenicio Melkart, posteriormente transfigurado en Hércules. Muchos escritores clásicos narraron la conmoción que sacudió a Julio Cesar en el templo ante la magnitud de la estatua erigida en homenaje a Alejandro Magno. Sus lágrimas pudieron ser de emoción sentida ante semejante distinción, aunque también ante semejante rivalidad. 
El templo estaba emplazado en la isla de Sancti Petri unida, antiguamente, con la isla de Cádiz. Parece ser que en el templo de Melkart fue enterrado Hércules, fundador de Cádiz, adonde llegó para realizar uno de sus doce trabajos: el robo de los toros rojos del gigante Gerión a quién mató en la hazaña.
Del templo de Hércules ya no queda nada pero las mareas han ido sedimentando sobre la arena vestigios de su gesta.



15/8/12

5 3 6 2



Durante tres días el número 5362. 
Cuatro números insignificantes aleatoriamente correlativos pero que tienen un significado preciso. Son 44 meses en ángulo recto hasta llegar 5362. Me hubiera gustado detenerme y suspenderme en este descanso manso, silencioso y apacible por el placer de juntar 53 y 62 en una pausa ceñida a un oasis circular. 
Es la precisión de la aguja que avanza en el tiempo esférico y se detiene en el minuto, inmóvil, que duran 60 segundos. Arranca de nuevo el motor de la palabra y empuja la aguja al 5363. Una delicia la tregua en la estancia 5362. Concordancia de días y números exactos.


7/8/12

· El nudo lorquiano ·


Cuando fusilaron a Federico García Lorca en Víznar, Leonard Cohen tenía dos años y dos meses y balbuceaba pasos sobre el suelo de Montreal. Las pisadas de Lorca y Cohen se cruzaron sobre la tierra, un, dos, tres, take this waltz, durante veintiséis meses en la cuadratura del tiempo. Huella sonora. Pero no sólo vibró el compás del tempo también hubo un espacio, un único lugar en el que convergieron: la Universidad de Columbia de Nueva York. 

En junio de 1929 Lorca se marcha a Nueva York y se matricula en la Universidad de Columbia hasta enero de 1930. Allí escribe su poemario Poeta en Nueva York en el que refiere su descubrimiento de una ciudad y un mundo radicalmente opuesto al español. 
“Escribo un libro de poemas de interpretación de Nueva York” - manifiesta en una carta a sus padres - “Yo creo que todo lo mío resulta pálido al lado de estas cosas que son en cierta manera sinfónicas como el ruido y la complejidad neoyorkina”. 
En sus versos denuncia la injusticia y la alienación del hombre en este nuevo modelo de sociedad moderna e industrializada. Iluminado por Walt Whitman, Lorca anhela una condición humana en la que prevalezca la libertad, la justicia, la belleza y la armonía. 

En 1956 Cohen comenzó sus estudios en la misma Universidad de Columbia. El saber no ocupa lugar. O sí. Este lugar sí ocupa saber. Un saber anudado. Un nudo gordiano cuyos lazos se traban por no se sabe qué afinidad. 
A partir de aquí el nudo lorquiano: el que no se deshace ni con la aquiescencia de Zeus. Ni cortarlo ni desatarlo. El nudo lorquiano es el que se agarra en la garganta como un nudo, en el estómago como un nudo, en el espíritu como un nudo permanente que marcará la cadencia de los pasos de nuestra vida. 
Un dos tres, un dos tres, un dos tres, Take this waltz… Es una de las canciones más conocidas de Leonard Cohen y sin embargo él mismo reconoce que “traducir el Pequeño vals vienés me costó 150 horas de trabajo y una depresión”. Cohen fue atrapado por la voz de Lorca muy joven. “A los 15 años –cuenta – abrí un libro de Lorca por casualidad en una librería de Montreal. Su mundo me resultaba muy familiar. Tenía la sensación de que allí estaba la razón de ser del lenguaje. Era como la música folk bañada por la luz de la luna”. Fue tan hondo el impacto que le produjo el poeta granadino que Cohen quiso perpetuarlo definitivamente en su descendencia llamando a su hija Lorca.
En su intervención tras recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011 Cohen insinuó su inmensa gratitud al poeta y la plasmó en la lectura del siguiente poema: 


Lorca vive en Nueva York 
Nunca volvió a España 
Se fue un tiempo a Cuba 
Pero ha vuelto a la ciudad 
Está cansado de los gitanos 
Y está cansado del mar 
No soporta tocar su vieja guitarra 
Sólo tiene un tono 
Supo que lo habían matado 
Pero no, mira 
Vive en Nueva York 
Aunque no le gusta.

* *


Publicado en el último número de la revista Standdart dedicado a Leonard Cohen.
Madrid, 2012



27/7/12





Mi alter ego pacífico.

Joni Mitchell





11/7/12



n o s e s c l a v i z a n


10/7/12

· Marea negra ·





Unos hombres se encuentran bajo tierra en un recinto cavernario. A lo largo de éste, y hacia la luz diurna, se extiende el acceso al que confluye toda la caverna. En esta morada, atados desde la infancia, tienen los hombres su residencia. Mover la cabeza no les resulta posible pues están encadenados. Sin embargo les ha sido otorgado un resplandor de luz. Entre el fuego y los prisioneros, discurre un camino para mostrar por encima de ellos los prodigios.


Platón - República, Libro VII



2/7/12

· los ojos no están aquí ·



El viejo locutor de radio
pone grupos de los ochenta, tristes como la ropa colgada
en los largos pasillos de Barlovento.
Nadie espera en aquella casa del extrarradio.
No a nosotros, como la voz del locutor
que tiembla en la bóveda de poemas
escritos en el jardín de Diana, cazadora
de nuestras almas, rocolas
chupas de cuero,
coñac de garrafa y Wittgenstein.

R.L.C.



3/4/12

· Salir tarifando ·




Salir tarifando seis días. Tarifa. Su nombre procede del árabe Al Yazirat Tarif, isla de Tarif. Este nombre le fue dado en el año 710 a la isla que se encuentra frente a su costa cuando desembarcó en ella el comandante Tarif. Allí se emplazó una medina cuyo nombre llegaría al castellano. Tarifa.
En el escudo de la ciudad se perfila una bordadura de plata, punteada en letras de sable, con la siguiente inscripción:


· Estote fortes in bello ·

Permaneced fuertes en la guerra.




1/4/12

· A b r i l ·



























Abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas del interior de la tierra muerta, mezcla
la memoria y el deseo, estremece
las raíces marchitas con lluvia de primavera.

T. S. Eliot



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