30/1/14

· Homenaje ·

Celebro mi aniversario.

Siento el blanco y el negro.

El movimiento seco de la cámara dentro de un casco

la percusión de una batería en mis tendones

la surrealista sinuosidad dentro de un casco

la atracción de un micro obsceno a punto de entrar en la boca

la verticalidad del máster de un bajo rompe

mi  responsabilidad.

Responde

isa

tus habilidades.











11/1/14

· ejecución ·



Thomas Knight fue ejecutado el pasado martes en la cárcel de Florida State donde estuvo preso durante 40 años, supeditados a recursos y aplazamientos. Se negó a pronunciar unas últimas palabras y a que la prensa fuera informada del menú de su última cena en la que el reo puede pedir lo que se le antoje siempre y cuando se pueda cocinar en la misma cárcel o traer preparado desde fuera por un coste inferior a 40 $. La pena capital se cumplió en presencia de familiares de las víctimas.

¿Cuánto cuesta este macabro circo? Todo el proceso de ejecutar a una sola persona cuesta unos 3 millones de $.

California gasta al año 137 millones de $ en gestionar penas capitales; Florida 24 millones de $ en cada ejecución. Desde el año 1976 la pena de muerte ha costado 2.000 millones de $ al sistema legal y penitenciario de EEUU. El mayor gasto no lo suponen las ejecuciones en sí sino todo lo que rodea y conduce a las mismas. 

No se puede ajusticiar sin darle la oportunidad al reo de recurrir y apelar. Aún así, esta oportunidad no es garantía suficiente ya que se ejecuta a inocentes. Ésto supone un considerable dispendio en toda la industria que rodea al preso. Un complejo entramado que emplea a servicios de seguridad, abogados, carceleros y médicos como los de Ohio que después de 2 horas pinchándole las venas a un condenado, fueron incapaces de encontrar un hueco apto para la inyección letal.



6/12/13

· La casa ·



Dejaban mi cabellera colgando desde el tronco
de la puerta como trofeo.
Sin precedente en la historia de indios manantiales,
y una cuenca abierta, para la mirada
de los ojos indiscretos colocada a la acera del abismo.
Y ésta era mi morada.
Una víbora encerrada en jaula,
destinada a cualquier pájaro,
y una piedra caída temporalmente desde la cima,
una piedra nómada en busca de aventuras servía de puerta,
de mesa de comedor.
Qué queréis que se haga con estos materiales.
Nada. Sino escribir poesía melancólica.
Acaso, cuando la noche despierte
debajo de los murciélagos,
no haya otra cosa sino una sensación;
y a estas vertientes
que a uno le aparecen desde el fondo de los ojos.
No hay sino un alud de hijos de piedra,
de hijas de agua de hijos de árboles.
Entonces escribiré mi biografía
al uso de poetas indecisos.
Miraré a través de una llama de cobalto
y distinguiré objetos olvidados;
como cuando dormía adosada a la pared
y todo parecía bello sin serlo.
Tomaré una de mis pequeñas flautas colgantes
y entonaré la canción de amor.


Stella Díaz Varín




2/9/13

28/7/13

· Nerea ·


Apareció el 7 de noviembre de 2012. Hablaba rápido, movía las manos con ademanes de índice y meñique apuntando hacia los neones del aula pero se contenía frente a los padres de unos adolescentes repudiados que simpatizaban con ese brazo levantado, mitad puño cerrado mitad dedo índice y meñique. Desde el humilde púlpito de un suelo básico y una pizarra verde de tizas, se dirigía a los padres del rebaño descarriado con el mismo gesto insolente de U, aunque más educado.

Detecté enseguida ese gesto macarrilla  cuando taconeaba sus botas negras y cuando se ceñía sobre el cráneo el pañuelo palestino que ocultaba su calvicie. No tenía un pelo en la cabeza ni en la lengua. Tampoco tenía un pelo de tonta. La quimioterapia se los había arrancado de cuajo. Me entusiasmó su compromiso con los adolescentes apartados del sistema. Tanto, que la esperé en la puerta de la academia de la glorieta de Bilbao con un cigarro en la mano.
Meses después, el mismo 30 de enero que celebraba mi cumpleaños, mi adolescente que no adolece de nada me pone el móvil en la oreja: «Felicita a Nerea que también es su cumpleaños hoy». Desde entonces, desde que supe que era una treintaenera, no la he descuidado. 

La última vez que nos vimos fue un domingo de junio en la puerta de mi casa. Sabíamos que el martes empezaba su calvario pero hicimos como si no. «Dame una vuelta en tu moto» dije.  Me puse el casco, me subí de paquete y arrancó a toda hostia. Fuimos a Barajas, le enseñé donde vivía nuestro rapero favorito y volvimos a toda hostia. El viento golpeaba mis brazos y mis muslos y sacudía nuestras camisas.  Me agarré fuerte a su espalda. «Tal vez nunca volveremos a motear» pensé.  Se la jugaba el martes a vida o muerte. Abrazo apretado. «Te escribo todos los días, tienes mi palabra». Y se fue.

El martes se metió en una célula de aislamiento durante 27 días. Le aspiraron los glóbulos blancos, eliminaron los resquicios malignos con insecticida de quimioterapia, le limpiaron la sangre y se la volvieron a trasfundir. Después, trasplante de su propia médula. Tiene que reiniciarse en 72 horas. Esperamos. Pasa un día, otro día... nada. Mucha angustia, ella. Yo mando toda mi energía por sms, whatsapp y gmail. Exaspero. No puedo hablar con ella aún, aunque llevemos 24 días en contacto escrito. Sé que está tan débil que está «pegada en la cama como un tatuaje», me escribe literalmente. Dos días sin saber nada de ella. Su debilidad le impide escribir. Me subo por las paredes. Un sms me anuncia que su médula prende a las 53 horas.  La tregua de 19 horas se desvanece y todo se resetea.  Alivio y sonrío.

Nerea se inaugura. La despegan del sobre hace tres días y se la llevan a resurgir a León, su ciudad natal. 

Volverá. 


R  E  S  U  R  E  C  C  I  Ó  N  I  N  S  U  R  R  E  C  I  Ó  N




17/7/13

Altamira


Recuerdo mis paperas y sarampión en el invierno de mis siete años coloreando álbumes con plantillas. Me parecía una estupidez la manera en que obligaban a repartir el color en zonas establecidas por un grueso trazo negro. Acostumbraba a saltarme esa frontera oscura y vulnerar las normas de la policromía.  

Ese mismo verano, recuperada de los ganglios inflamados de hámster y de las manchas oscuras en mi piel, entré de la mano de mi padre en las cuevas de Altamira.
Tenía mucha curiosidad por confirmar que la policromía podía infringir las barreras; pero aún más, me inquietaba comprobar in situ que los hombres primitivos habían existido realmente y que inventaron el fuego, fabricaron las armas de sílex, utilizaron las pieles de los animales que cazaban y que además espantaban de sus cavernas con el mismo fuego que fabricaron a las bestias que cazaban. ¡Menuda inteligente tautología la de estos primitivos!

Bajé los escalones de Altamira y la cueva era mucho más pequeña de lo que había imaginado. El guía me invitó a tumbarme sobre un promontorio-sofá-mirador para que contemplara recostada desde abajo, en su plenitud, la manada de bisontes. Pude disfrutar de una perfecta fusión entre el pigmento y la forma estampada en los relieves de la roca y adaptándose a las corcovas de los bisontes. 

¡Qué impacto en mi retina en mi memoria en mi imaginación!

¡Venerables bisontes que aferrasteis con cuerdas y clavos mi ardor a perpetuidad!



3/7/13

· Mudanza ·


Desde que te claudiqué en Lisboa 
he merodeado por los adoquines tristes y soleados denfrente. 
Tu casa estaba siempre abierta con la cancela de la seguridad. 

En los últimos días  las ventanas de tu casa 
oscuras por el papel que las cancela, me turban.
Te veo mudar libros desde la otracera
la de la sombra, la tuya.
Me asombra.
Me afecta tu mudanza y que tu escaparate se escape de la perpetuidad.
Sigues mis pasos en los retrovisores oscuros de tus gafas
jugamos una partida de cruces y diagonales sin encontrarnos.

Hasta la vista no.
Hasta siempre.
No quisiera perderte de vista.



19/5/13

· Alexandra David-Néel ·



Para Clara Janés y Lilian Elphick



Louise Eugénie Alexandrina Marie David fueron nombres abandonados para reconocerse muy joven en Alexandra.  Nació en París el 24 de octubre de 1868. Su padre fue un periodista francés protestante y anarquista. Su madre era belga de origen escandinavo y ferviente católica que deseó tener un hijo varón para que fuese obispo. Padres decepcionados por el advenimiento de este ser femenino, jamás le demostraron el más mínimo signo de afecto.
Los deseos de libertad, de viaje y de aventura se manifiestan desde muy temprana edad. A los 2 años realiza su primera fuga, a los 5 años la siguiente. A los 6 años, ella y su familia se trasladan a Bruselas. Durante su juventud son innumerables sus escapadas con triste retorno.
Tras una larga estancia en Londres, con 20 años, comienza a estudiar filosofía oriental y se instala en París para colaborar con la Sociedad de Teosofía. En 1899 publica un tratado anarquista en el que denuncia los abusos del estado, el ejército y la iglesia. Es censurada. Al tiempo, se inicia en la carrera de cantante de ópera y colabora con el Museo Guimert en donde se consolida su vocación orientalista: es una de las primeras mujeres budistas de Francia. 
En 1900 conoce en Túnez a Philippe Néel, distinguido y seductor ingeniero ferroviario con quien se casa a los 36 años. Pero Alexandra no soporta la atadura a pesar de sus viajes juntos por el norte de África y el desierto. En 1911 rompe las cadenas y se marcha a la India, país que había conocido en dos ocasiones veinte años antes, con una subvención ministerial para estudios en Asia por 18 meses. Su marido volvería a verla otra vez 14 años más tarde.
En 1912 se marcha a Nepal. El marajá nepalí pone a su disposición una caravana de elefantes, una silla porteadora y a un monje de 14 años que será, tiempo después, su hijo adoptivo. Durante dos años, ejerce en la frontera del Tíbet la práctica de los yoguis en una cueva suspendida a 4.000 m. de altura. Alexandra es expulsada de Sikkim en 1916 por traspasar la frontera del Tíbet en dos ocasiones sin autorización. Se refugia en Japón bajo el amparo de un monje que le devuelve la esperanza de regresar al Tíbet ya que él consiguió sobrevivir 18 meses en Lhasa disfrazado de monje chino. 
Alexandra se hace amiga de Yongden que la acompaña en su viaje de retorno a China. Una vez allí, pasa unos meses en algunos templos lamas. Alexandra habla ya su mismo idioma. Pero su esencial desapego, la impulsa a cruzar con Yongden, de este a oeste, una China devastada por las guerras civiles y la peste. Cruzan el Gobi, Mongolia, y se detienen en un monasterio al noreste del Tíbet. 
En 1921, Alexandra decide reiniciar su viaje, fielmente acompañada por Yongden, hasta Lhasa, el territorio de las divinidades. Disfrazada de mendiga, emprende la ruta. Camina miles de kilómetros durante meses de peregrinación, nevada y fría. En 1924, extenuada por la descomunal aventura, consigue entrar en Lhasa a la edad de 56 años. Su proeza es destacada en varios periódicos europeos. En 1928, adquiere Samten Dzong, una propiedad en Digne-les Bains (Francia) adonde retorna con Yongden, su hijo elegido. Su modesta fortaleza, Samten Dzong, se agranda y enriquece con todos los vestigios de su odisea y con los más de 500 manuscritos tibetanos a los que va a dedicar su tiempo a partir de entonces en los Himalayas liliputienses de la Provenza francesa. Pero no aguanta ni una década. 
En 1937, a los 69 años, retorna a China con su hijo elegido. Durante su estancia, le sorprende la guerra con Japón, la guerra civil y la Segunda Guerra Mundial. Sobrevive bloqueada en la frontera del Tíbet donde persevera, bajo los bombardeos, en el estudio de la cultura tibetana y en la escritura de parte de su obra.

En 1941 le llega la noticia de la muerte de Philippe Néel con quien nunca dejó de corresponderse. En 1946, el fin de las hostilidades le permite regresar a Europa. 
Unos años más tarde, la muerte inesperada y brutal de Yongden desmorona la existencia de Alexandra que huye en una zozobra de hotel en hotel durante 4 años.

Madeleine Peyronet recala en su vida entonces, en una visita de cortesía que iba a durar un par de horas y que se prolonga a diez años de convivencia. Alexandra fallece en los brazos de Madeleine en septiembre de 1993. Ella esparció las cenizas de Yongden y de Alexandra David -Néel sobre el Ganges, en la ciudad de Benarés.


Las suelas de sus zapatos eran de viento.
Apenas pisaron la tierra.
Detonó para quedarse en la suspensión del aire como una levitación.
Por un azar o por arte de magia,
reaparece como un suspiro en mi respiración.
¡Gotcha!
Con todo mi reconocimiento.





15/5/13

· Nasta versus Charlie: fin del cuento ·


Son muchos los que se quedan cercados por las alambradas del barrio. Las cercan otros. Los de aquí tienen ojos para verlas y despreciarlas tanto que han decidido no traspasarlas. Son tan grandes sus ojos y su mirada es de tanto alcance que han sabido transformar este aislamiento en un encierro a presión sellado al vacío con riesgo de retumbar.
La voz de Nasta marca la baraja. Aunque en mi devocionario, la esquina doblada en marca de triángulo  sea la página de Charlie.

Ellos incorporan a los que siguen, los siguientes, los pirris. Los sucesivos son el bro de Nasta [Dani] mis hijos [Raf y Alita] y otros autores que rapean en el garaje de mi casa. Los sigo y son grandes denunciadores. Siempre atenta. Ellos también advierten mi desvelo.





13/5/13

· SOL 13.5.13 ·





13.513

Hablo de personas, de lugares de recuerdos.
de esos tengo más de 1.000.

Sol, trecemilquinientostrece.